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Pedagogía y coordinación

Cómo unificar la metodología y las prácticas docentes en tu academia de idiomas

Cada profesor tiene su manera de enseñar. ¿Qué hace que todas esas clases formen parte de la misma escuela?

En una academia conviven profesores con experiencias, recursos y estilos distintos. Esa variedad puede aportar muchísimo al equipo.

Al mismo tiempo, hay una propuesta educativa que las familias eligen y que necesita reconocerse en el día a día de las clases.

Si vuestra escuela apuesta por la participación, ¿cómo ayudáis a participar a quien todavía necesita apoyo? Si explicáis que acompañáis el ritmo de cada alumno, ¿qué referencias tiene un profesor para hacerlo dentro de un grupo?

Organizar al equipo docente también implica dar espacio a estas preguntas y convertir las respuestas en acuerdos que puedan utilizarse en el aula.

1Pon en palabras lo que caracteriza vuestra forma de enseñar

«Clases dinámicas», «aprendizaje personalizado» o «metodología comunicativa» pueden expresar vuestra intención. Para orientar al equipo, necesitan concretarse.

Podéis empezar por preguntas como estas:

  • ¿Qué oportunidades tiene el alumnado para utilizar el inglés durante la clase?
  • ¿Cómo acompañamos a quien necesita más tiempo o apoyo?
  • ¿Cómo damos instrucciones y comprobamos que se han entendido?
  • ¿Cómo ayudamos a participar sin que siempre respondan los mismos?
  • ¿Qué observamos para reconocer avances y decidir el siguiente paso?

Elegid unas pocas prioridades que representen de verdad vuestra escuela. Será más fácil trabajarlas y mantenerlas presentes durante el curso.

Un acuerdo útil es aquel que un profesor puede reconocer y aplicar en una situación de clase.

2Acompaña los acuerdos con ejemplos de aula

Imagina que acordáis: «Queremos que todos tengan oportunidades de hablar».

Un profesor puede organizar una conversación con todo el grupo. Otro puede preparar parejas. Otro puede utilizar tarjetas con frases de apoyo.

Compartir ejemplos permite conversar sobre qué necesita cada actividad para cumplir ese propósito.

Por ejemplo:

Una referencia para el equipo«Antes de pedir respuestas al grupo, damos un momento para pensar y practicar por parejas. Así, quienes necesitan preparar su respuesta también tienen una oportunidad de participar».

El equipo tiene una referencia concreta y puede adaptarla a la edad, al nivel y a la actividad.

Podéis hacer lo mismo con las instrucciones, las transiciones, el movimiento o los juegos: explicar el propósito, mostrar una técnica que funciona y conversar sobre cómo utilizarla con vuestros grupos.

3Decide qué necesita un acuerdo común y dónde hay margen para adaptar

Hay aspectos en los que una referencia compartida facilita mucho el trabajo: cómo recoger el progreso, cómo trasladar una inquietud a coordinación o qué información dejar sobre un grupo.

En otros, la experiencia y el criterio de cada profesor enriquecen la clase: los ejemplos que utiliza, la manera de presentar una actividad o los recursos que elige.

Hablar de ese margen evita que cada persona tenga que adivinar qué se espera de ella.

Una referencia podría ser:

Una referencia para el equipo«Todos recogemos observaciones sobre participación, comprensión y autonomía. Cada profesor puede hacerlo durante las actividades que mejor le permitan observar a su grupo».

Acordáis qué información importa y dejáis espacio para obtenerla con criterio.

Estas referencias también deben admitir ajustes. Un grupo de infantil, uno de primaria y uno de preparación de exámenes necesitan maneras distintas de trabajar.

4Cómo plantearlo al equipo sin que se sienta juzgado

La manera de abrir esta conversación importa. Antes de proponer nuevos acuerdos, merece la pena escuchar qué está funcionando y qué situaciones le están costando más al profesorado.

Puedes empezar con una pregunta concreta: «¿Qué os está ayudando a que participen quienes necesitan más tiempo para responder?». Así podéis construir una referencia común a partir de la experiencia del propio equipo.

Explica también para qué vais a recoger esas ideas, qué necesitáis acordar y qué podrá adaptar cada profesor. Tener una base compartida debe ayudarles a tomar decisiones con más claridad y apoyo.

Si el acompañamiento incluye observar una clase, acordad antes el propósito, dónde pondréis la mirada y cómo conversaréis después. Por ejemplo, podéis fijaros en las oportunidades que tiene el alumnado para participar y comentar qué apoyos están funcionando.

El acuerdo también necesita la voz de quienes lo van a llevar al aula.

5Haz que las ideas que funcionan puedan llegar al resto del equipo

En tu academia puede haber una profesora con una rutina que ayuda muchísimo a empezar la clase, un profesor que organiza muy bien los juegos o alguien que ha encontrado una manera sencilla de apoyar a un grupo con niveles diferentes.

Ese conocimiento merece tener un lugar donde compartirse.

Puede ser una demostración breve en una reunión, un taller sobre una necesidad concreta o una actividad guardada con unas notas de uso.

Para que otro profesor pueda aprovecharla, conviene explicar:

  • Para qué grupo y propósito se ha utilizado.
  • Cómo se prepara y se presenta.
  • Qué apoyos o materiales necesita.
  • Qué adaptaciones han funcionado.
  • Qué conviene observar durante la actividad.

Una idea probada en el aula resulta más útil cuando compartimos también cómo la hacemos funcionar.

6Mantén los acuerdos vivos durante el curso

Los acuerdos necesitan acompañamiento: aparecen grupos nuevos, cambian las necesidades y algunas referencias requieren ajustes.

Reservad momentos para hablar de situaciones concretas:

Una referencia para el equipo«Acordamos practicar por parejas antes de compartir respuestas. ¿Cómo está funcionando? ¿En qué grupos necesitamos otro apoyo?».

Una conversación así permite compartir experiencias y decidir un siguiente paso.

También ayuda a incorporar a un profesor nuevo. Además del horario y los materiales, necesita conocer las referencias educativas del centro y saber a quién acudir cuando tenga dudas.

En una sustitución, esas referencias facilitan la continuidad: quien entra puede conocer lo que está trabajando el grupo, sus rutinas y los apoyos que necesita. Es una de las situaciones en las que el trabajo compartido se vuelve visible.

Por dónde empezar esta semana

Elige una prioridad educativa que ya forme parte de vuestra escuela. Por ejemplo, dar más oportunidades para hablar en inglés.

En una conversación breve con el equipo:

  1. Pedid ejemplos de cómo la está trabajando cada profesor.
  2. Compartid qué les está funcionando y qué les cuesta.
  3. Acordad una referencia práctica que pueda ayudar.
  4. Decidid cuándo volveréis a conversar sobre ella.

Recoged el acuerdo en un lugar fácil de consultar, junto con algún ejemplo. Así podrá servir también a quien no estuvo en la conversación.

Empezar por una prioridad concreta permite construir una base común a partir del trabajo que vuestro equipo ya hace.

Una mirada desde dentro

Después de más de 25 años en educación y más de 10 coordinando academias, conozco el valor de las técnicas que funcionan en una clase y el trabajo que supone compartirlas con un equipo.

Una rutina, una manera de explicar o un juego pueden aportar mucho. Para aprovecharlos, necesitamos entender su propósito y adaptarlos a las personas que tenemos delante.

En Modo Nannette acompaño ese recorrido: poner en palabras las referencias de vuestra escuela, ordenar los acuerdos y compartir herramientas probadas en el aula que ayuden al profesorado en su día a día.

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